del declive de la balada al reggaeton

Ni Sinatra, ni Raphael, ni Whitney Houston… El siglo XXI ya no canta al amor con la intensidad vocal de la balada sentimental, o al menos no se trasluce como antes en unas listas que ven multiplicarse a la otrora politizada y guerrera música urbana como canal de desvelos y suspiros del corazón.

La balada, como género, ha mostrado gran elasticidad desde sus orígenes populares en el siglo XVIII asociada a la narración de historias, con estructuras rimadas sencillas, muy constantes, y pensadas inicialmente para acompañar bailes (de ahí su coincidencia etimológica con la palabra «ballet»).

Con fuerte raigambre en los países anglosajones, es a partir de finales del siglo XIX cuando comienza a acuñarse el término de «balada sentimental» para referirse a canciones aún bañadas por la tradición folclórica, como la mítica «Danny Boy», que se construyó sobre la melodía irlandesa de «Londonderry Air».

Que trataran habitualmente asuntos románticos hizo que a partir de los años 50 se extendiera el término «balada» a toda canción de amor parsimoniosa. Fue la época primero de Bing Crosby y, después, de Frank Sinatra y otros intérpretes que, desde las orillas del jazz y del swing, cobraron mayor protagonismo frente a las orquestas que los acompañaban, consolidando los llamados estándares.

Durante unos 20 años se extendió con éxito ese patrón que acogió temas como «Strangers In The Night» de Sinatra, del álbum del mismo nombre que se convirtió en su mayor éxito comercial.

Nadie podía sustraerse a esa corriente, ni siquiera el «rey del rock and roll», Elvis Presley, quien firmó algunas grabaciones inmortales como «Love Me Tender» o «Can’t Help Falling In Love», ambas números 1 durante varias semanas en EE.UU.

En paralelo, aunando lo mejor de los nuevos ritmos roqueros de esa orilla con un enfoque melódico y armónico más consistente y lírico, con arreglos cada vez más complejos, The Beatles llevaban a Reino Unido a otras cotas gracias a temas como «Yesterday».

Mientras en Latinoamérica el bolero llevaba la batuta del desahogo amoroso gracias a artistas como Armando Manzanero («Somos novios»), en el resto de Europa lo romántico se alimentaba de corrientes nacionales como la elegante canción francesa (Charles Aznavour) y la apasionada versión italiana (Domenico Modugno).

También en España triunfa una variante de las mismas, la canción ligera española, que encuentra en artistas como Julio Iglesias, Raphael («Yo soy aquel») o Camilo Sesto («Perdóname») su máxima expresión, con letras que en tiempos de censura tenían que buscarse las vueltas con dobles sentidos.

Años 70

En los años 70 el rock se hacía cada vez más consistente y de él se derivó una línea llamada «soft rock», heredera sobre todo de la rama más folk del estilo, en el que destacaron músicos que tenían el piano como instrumento de cabecera como Elton John («Your song») y Carole King («(You Make Me Feel Like) a Natural Woman»).

Progresivamente los temas se volvían más arrebatados y acompañados por voces virtuosas, como las de Meat Loaf («Two Out of Three Ain’t Bad») o, por supuesto, Freddie Mercury en Queen («Love Of My Life»), en un proceso que conectará directamente con los años 80 y 90.

Años 80 y 90

De esas décadas son las que, según muchos, son algunas de las mejores baladas de todos los tiempos, las surgidas de bandas de metal y rock duro que no dudaron en ponerse tiernos para afrontar composiciones románticas, como Poison («Every Rose Has Its Thorne»), Journey («Faithfully»), Guns N’ Roses («November Rain») o Bon Jovi («Always»).

Muy impregnado de eso estaba el «Dirty Diana» de Michael Jackson, quien no podía ocultar bajo todo ello su esencia de artista negro. Porque el «soul» y el «r&b» habían sido dos de los géneros que mejor habían asumido desde siempre la balada como campo de expresión.

Los nombres son casi infinitos: Percy Sledge («When a Man Loves a Woman»), The Righteous Brothers («Unchained Melody»), Barry White («You’re the First, the Last, My Everything»), Stevie Wonder («You Are The Sunshine Of My Life»), Marvin Gaye («Sexual healing»)…

Años 90

De camino a los 90 la balada teñida de negro volvió a vivir una época de esplendor comercial gracias a artistas como Whitney Houston («I Will Always Love You»), mujeres de voz prodigiosa que adquirieron la categoría de «divas», primero con un tono más pop y, tras el cambio de siglo, virando de nuevo hacia el «r&b», véase Tony Braxton («Unbreak my heart») o Mariah Carey («My All»).

Siendo una de las artistas que más números 1 ha logrado en EE.UU. Mariah Carey fue también una de las primeras en abrir sus composiciones al rap, que en sus orígenes se había mostrado sobre todo preocupado por la narrativa de las desigualdades sociales pero que, progresivamente, se dio también al desfogue sentimental.

Siglo XXI

El cambio de modelo de la industria musical regido por las ventas físicas en pos de un modelo de reproducciones digitales favoreció sobremanera el ascenso de este tipo de artistas, antes marginales, que se convierten en los grandes iconos del siglo XXI, un proceso similar al que han experimentado sus correligionarios latinos.

Así, artistas anglosajones como Drake («In My Feelings») o Kanye West («Bound 2») impregnan sus bases de «r&b» y arreglos minimalistas pero sofisticados, con un estilo más contenido, más rítmico y apto a un fraseo suave, una tendencia que en español encuentra respuesta en artistas como C. Tangana o Rosalía («Antes de morirme») o J Balvin y Bad Bunny («QUÉ PRETENDES»), con letras que rebosan apelaciones sexuales explícitas.

La balada prototípica, principalmente melódica y desatada, rara vez ocupa ya los primeros puestos en listas y, aunque esporádicamente siguen funcionando patrones clásicos a cargo de figuras jóvenes como Ed Sheeran («Perfect») o Bruno Mars («When I Was Your Man»), los «millennials» y «genzers» celebran y lloran hoy el amor desde otras coordenadas.

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