«En la sociedad hacen falta empatía y amor»

Su nombre suena cada vez más, en parte gracias a Operación triunfo. Y eso que Nil Moliner lideró durante más de una década un grupo llamado CyBee con el que tuvo bastante éxito en Cataluña. Acaba de grabar su primer disco en solitario, Bailando en la batalla (Warner Music).

Acaba de terminar una gira y ahora saca disco. Normalmente esto va al revés. Ya, ya. La verdad es que todo empezó cuando me propusieron sacar singles poco a poco. Y me pareció una buena idea, porque hoy en día la gente consume música muy rápido y se aburre enseguida. A lo mejor un disco no lo escuchan entero. Creo que haciendo eso les das a las canciones el valor que se merecen y eso se nota en los conciertos: la gente las canta todas. Decidimos hacer una gira y sacar al final un disco con ellas.

En todo caso, tiene otra gira prevista para marzo. Lleva un ritmo fuerte. Sí. Han sido dos años que han pasado muy rápido y ahora todo lo que viene me da un poco de vértigo. Es mi primera gira muy seguida, con muchos conciertos. Creo que la preparación es clave, me estoy preparando tanto mentalmente como físicamente para aguantar. También con toda mi banda y mi equipo, para que todo salga bien.

En sus canciones se repiten mucho las palabras bailar y baile. ¿Qué tal se le da a usted? Yo soy el típico que pongo música en casa y bailo como un loco, pero bailo mal. Mal no, es como dejarse ir, dejar al cuerpo que se exprese de la manera que sienta. Siempre me ha gustado, de pequeño lo hacía. En esta gira va a haber mucho baile, tenemos clases con una coreógrafa que nos pone un poco al día. Es un arte. Al final, la gente te está escuchando cantar, pero también te mira. En mi vida personal es una manera de desconectar un poco.

nil moliner

  • Barcelona, 1992. Cantante y compositor. 

A los 15 años ya versionaba canciones en pequeños clubs. Lideró un grupo durante 13 años, CyBee, con el que cantaba en catalán. En 2017 compuso ‘Que nos sigan las luces’ para ‘OT’ como propuesta para Eurovisión; la cantó Alfred y fue Disco de Oro.

¿No le gustaría dar un paso más y meter algo de funky en sus canciones más movidas? Con la banda nos lo pasamos muy bien, porque están locos, son unos músicos increíbles y les gusta de todo. Lo que hacemos -ya lo veníamos haciendo desde hace tiempo- es rehacer las canciones para el directo. Hay algunas que van a sorprender, porque no nos regimos por lo que hay grabado sino que empezamos de cero. Como una versión. Hay bastantes intros con funky, nos damos la libertad de experimentar con arreglos distintos, nos gusta jugar con eso.

Además del amor, toca temas sociales en sus letras. ¿Qué le preocupa de lo que le rodea? Hace mucho tiempo que estoy disgustado con la sociedad, creo que falta empatía y mucho amor. Las cosas al final son más sencillas de lo que nos venden y falta que la gente sea más consciente. Vemos tantas noticias al momento, tenemos tantos imputs, que pasamos cosas por alto y las normalizamos, como el escándalo de la gente que cruza el Mediterráneo. A lo mejor tenemos tanta sobreinformación que la gente no ve ni la causa ni la catástrofe que realmente es. Uno de mis mejores amigos, Gerard, se fue a Lesbos con Open Arms y cuando volvió, a los 15 días, aterrorizado, nos contaba a los amigos más cercanos cómo lo había vivido. Nos dimos cuenta de que nos estaban enseñando una cosa pero lo que se estaba viviendo era aún más doloroso. Me impactó tanto que vi necesario hacer una canción.

¿Cuándo compuso su primera canción y cuál fue? Mi primera canción, cuando era un niño, fue para el Floquet de Neu (Copito de nieve), el gorila albino que había en Barcelona y murió. Yo tenía 9 o 10 años; mi madre siempre me lo recuerda. Todos mis compañeros de clase también tenían una. Más adelante no lo tengo claro, porque paralelamente empecé también a hacer covers.

«Llega un momento en el que, cuando tú lo gestionas todo, ves la magnitud de donde estás jugando»

¿Cómo fue dejar su antiguo grupo, CyBee, en el que estuvo muchos años? Éramos cuatro personas que lo hacíamos todo: llevábamos las redes, hacíamos planes de estrategia de prensa, llamábamos a los periódicos… Llega un momento en el que, cuando tú lo gestionas todo, ves la magnitud de donde estás jugando. Lo dejamos de forma muy natural y bonita, era incompatible con nuestras faenas paralelas; ellos trabajaban de otras cosas y yo sí que estaba en el estudio más centrado en la música.

Ahora está en una discográfica grande. El cambio es muy fuerte, porque de repente te encuentras tú solo frente a la industria y a nivel más nacional. Las malas noticias te las comes tú y las buenas también. Al final hay mucha gente trabajando conmigo, pero el que lo tiene todo claro y al que va toda la responsabilidad es a mí. Estuvimos con el grupo 13 años y aprendimos muchas cosas. Por suerte, ahora tengo un equipo maravilloso que me da ese apoyo. Valoro tener una discográfica, unos managers, una empresa de booking, etc. Hay mucho curro detrás, nosotros hacíamos lo que podíamos.

¿Va a volver a cantar en catalán? Pues sí, tengo cosas escritas desde hace tiempo y seguro que algún día sacaré algo. No lo hago por nada reivindicativo, es mi lengua también y me siento supercómodo.

Hizo versiones durante un tiempo. ¿Cuál es la que borda? Teníamos un repertorio muy grande, nos preparábamos unas 40. Creo que la que mejor nos quedaba es Por la boca vive el pez, de Fito. La tocamos en un programa de TVE1, La mejor canción jamás cantada. Era la que disfrutábamos más, la que nos salía más pura.

¿Por qué el guiño a Drexler en la canción ‘Cien por cien’? Porque Drexler es un tipo que me encanta, me tiene enamorado. Aparte, lo encuentro un tío superinteresante y su parte musical es increíble, es un poeta para mí. Justamente, la persona con la que tuve esta historia de Cien por cien y yo teníamos una canción en común, Todo se transforma. Y claro, quedaba perfecto poner ese verso ahí.

Nil Moliner acaba de publicar su primer disco en solitario.
Nil Moliner acaba de publicar su primer disco en solitario.
JORGE PARÍS

A Manu Guix le une una relación de años. ¿Cómo es él como productor? Manu es un tipo al que conocí cuando grabamos con CyBee el primer disco, que nos produjo él. Allí ya hubo una conexión especial, porque yo también soy un friki del sonido y la música; nos quedábamos hasta tarde tocando canciones en el estudio. Nació entonces una amistad, igual que con Roger Rodés, el otro productor. Siempre ha estado a mi lado, cuando no tenía un duro y quería grabar mi primera canción cuando dejé el grupo, me dijo: “Ven a Medusa (su estudio), graba lo que tengas que grabar y ya hablaremos”. Ha estado para todo. Y sabe demasiado.

En su opinión,¿un programa como ‘OT’ democratiza la música o fabrica artistas? Para mí es un programa de entretenimiento. Y veo superinteresante que un programa tan mediático como este tenga una parte muy importante de música, que se vea que detrás de una actuación en un plató hay una serie de trabajos de interpretación, técnica vocal, solfeo, lenguaje musical, historia de la música… Creo que eso lo hace más real, te acerca más a la figura de un artista. Igual esto es muy resumido, pero la gente a lo mejor piensa que un artista va allí, canta y ya está. No, hay mucho trabajo y creo que al menos lo intentan comunicar, que se sepa. Veo genial que deje ver otra cara de este mundo, la preparación.

He leído que no tiene televisión. Es que me mudé y durante mucho tiempo no tuve antena. Era más por vago. Ahora ya sí que tengo. Pero tampoco estaba mucho en casa, así que no me hacía falta, era consumidor de YouTube y Netflix y con eso ya lo tienes todo.

«Vi que la música era totalmente curativa y algo más que tocar una guitarra y emocionar a alguien»

Una de sus canciones se llama ‘Cicatrices’. ¿Quién o qué le ha dejado la más profunda? Lo pasé muy mal durante cuatro años en los que estuve con ataques de ansiedad. Estuve muy malito. Me ayudó muchísimo la música: tengo una canción que se llama Sale el sol que habla justamente de eso. Siempre digo que la música me salvó la vida, porque esa canción la escribí en medio de un ataque. Me dí cuenta de que cuando estaba escribiendo, pensando en lo que me pasaba y valorando ese momento emocional, me calmé. Así que siempre que me pasaba escribía canciones. Vi que la música era totalmente curativa y algo más que tocar una guitarra y emocionar a alguien; también valía para uno mismo. Descubrí muchas cosas y empecé a tomarme la vida de una manera distinta. Es una cicatriz que, si la tuviera físicamente, me la tatuaría con algo bonito y con color. Es un punto de partida de algo malo a algo bueno.

¿Lo ha superado? Tengo mis cosas, voy al psicólogo cada dos meses pero sí, estoy mucho mejor.

¿Cuál es para usted la canción perfecta? La que me traslade a algún lugar, alguna persona, algún olor… que me transporte. Es la gracia. O que me traslade a no pensar en nada, a evadirme. Es esa que te atrapa y te deja loco. Para mí la canción perfecta es Don’t stop me now de Queen. Le tengo mucho cariño, mi padre siempre la ponía y la bailábamos con mi hermana. Es un temazo.

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