«Siempre hemos trabajado, hasta en los peores momentos»

Se hicieron famosos casi sin querer, gracias a la ley de la calle, que pudo con la falta de apoyo mediático y el ostracismo de la crítica. De eso hace ya 25 años, mediada la década de los noventa. Marcaron, y siguen haciéndolo, la diferencia con un estilo inconfundible que pertenece solo a ellos y con melodías imposibles de quitarse de la cabeza. Aunque no hace falta presentación, ellos son Ángeles y Dioni, Camela, el mal llamado ‘grupo de gasolineras’ que ha vendido la friolera de 7,5 millones de discos. En 2019 celebrarán su cuarto de siglo en la música con un disco de colaboraciones y concierto único y lleno de sorpresas.

¡Su primera vez en el Wizink! ¿Qué sienten?
Ángeles (Á.): Nos hace mucha ilusión.

Dioni (D.): En Madrid hemos tocado en muchos sitios, pero es que el Wizink es un sitio muy emblemático. Se lo decimos a compañeros artistas y nos comentan que es algo normal, pero es que para nosotros será la primera vez. De ahí nuestra ilusión y nuestras ganas.

¿Les ha sorprendido?
Ángeles (Á.): No nos ha sorprendido, pero sí va a ser muy emotivo. Los que vienen a nuestros conciertos no cantan una canción, las cantan todas. Y, al ser un recinto cerrado, imagínate cómo se van a escuchar. Eso nos transmitirá una emoción muy grande. Ya hemos cantado ante miles de personas, pero siempre al aire libre, y el sonido se escapa.

¿Lo viven con cierto miedo?
Á.: Queramos o no, estamos con una cosita en el estómago porque, aunque no sabemos aún lo que se va a hacer, tenemos preparadas muchas sorpresas para hacer algo especial. En ese sentido va a ser muy especial para nosotros, que no estamos acostumbrados a llevar grandes montajes.

25 años después, ¿tienen algo que decir a los críticos musicales?
D.: ¡Qué va! La gente se ha renovado. Es otra generación, que nos dice que, desde pequeños, nos escuchaba. Una generación con la mente más abierta. Nosotros no guardamos ningún rencor a nadie.

Á.: No podemos seguir mirando atrás.  Nunca nos hemos sentido mal, la verdad. Nuestro público nos lo ha dado todo. Nuestro Grammy, nuestro Premio de la Música… Todo eso es nuestro público y no hay otro premio mejor que ese.

Después de un cuarto de siglo, ¿cómo cuentan la historia de Camela?
D.: Fue sin querer, sin buscarlo, para nosotros era un hobby. Hicimos unas maquetas costeadas por nosotros mismos. Llegaron a un señor con una compañía pequeña y firmamos un contrato con él. Y así salió nuestro primer disco, Lágrimas de Amor, en 1994. Pero en ningún momento pensamos que podíamos vivir de la música.

Á.: Nosotros no hicimos un disco para darnos a conocer. Era para nosotros, para nuestros amigos, nuestra familia. Pero se empezó a correr la voz y las maquetas se vendieron como churros en los mercadillos.

¿Cómo vivieron ese boom tres chavales tan jóvenes y de cuna humilde?
Á.: Es que nunca imaginamos lo que iba a pasar, fue un fenómeno social. ¡No sabíamos siquiera si el millón de copias vendidas era mucho o poco!

D.: No éramos conscientes de nada. Solo veíamos que los conciertos estaban llenos. No sabíamos si era un boom pasajero o no. Afortunadamente, de nuestro siguiente disco se vendió medio millón de copias, lo que nos hizo más conscientes de que sí podíamos vivir de esto.

¿Qué ha sido lo mejor y lo peor de todos estos años en la música?
Á:. Lo peor son las cosas que pasan en el mundo de la industria y que sabes que no son trigo limpio. Lo demás es precioso. Subir a un escenario y que la gente cante contigo, que se emocione. Hacemos felices a millones de personas con nuestra música. Lo vemos en la cara de la gente. Incluso a veces vienen y nos comentan que, gracias a nosotros, han salido de una depresión.

D:. Y ya no solo con la música. También en lo personal. Una de las cosas que más nos han dicho siempre, y que nos alegra, es que somos muy accesibles.

Siempre han caído muy bien…
D.: Eso es. Nos sentimos muy cercanos a la gente. Y siempre estamos ahí para hablar con los fans, mandar algún mensaje ahora que están de moda las redes sociales…

Y pasan los años y siguen sonando a Camela…
D.: Hemos mantenido nuestra esencia, pero hemos evolucionado con los tiempos. Sin salirnos de nuestros principios y de nuestras raíces, pero sí un sonido más actual, acorde con los tiempos.

Á.: Si la gente lo que quiere es eso. Siempre le ha gustado nuestro primer disco, y eso que se hizo con un presupuesto muy bajito, porque no teníamos la intención de hacer un súper disco.

¿Y para qué hace música Camela?
Á.: Yo, cuando escribo y hago canciones, nunca voy a sacar algo que no me gusta. Lo que me gusta, lo grabo. En Camela no existen las canciones de relleno, esas que sirven para completar un disco.

D.: Ya no canciones de relleno, sino hacer algo pensando que va a ser un hit o un pelotazo. Nosotros seguimos haciendo música para nosotros.

Hablando de canciones, ¿cuál es la más icónica de Camela?
Á.: Para el público, Lágrimas de amor y Cuando zarpa el amor. Yo me quedaría con la primera, que fue la que nos dio a conocer. Fue el inicio de todo.

D.: Y de discos, el primero también, Lágrimas de Amor. Porque nos parece el más completo, ¡te quedas con todas las canciones!

¿Se arrepienten de algo?
D.: Qué va. Lo que nos pasa mucho es que, una vez grabada la canción, pensamos en que modificaríamos algo de ella.

¿La macha de Miguel Ángel ha sido el peor momento de Camela?
D.: No. Su marcha fue porque ya habíamos decidido desde hacía algunos años que tanto la composición como la producción ya no correrían a su cargo, por lo que decidió ise.

Á.: Tampoco se puede hablar de la expresión ‘lo peor’; quizá lo menos bueno hayan sido las discusiones que hemos podido tener por hacer las cosas de una u otra manera.

Pero después de lo de Miguel Ángel la gente llegó a temer que Camela se disolviera…
Á:. Lo sabemos. La gente estaba disgustada. Pero Miguel ya no componía, solo tocaba el teclado. Otra cosa es si hubiésemos faltados alguno de los vocalistas.

D:. Yo hice también mi disco en solitario. Quería tener una experiencia nueva, un traje hecho a mí medida. Pero no nos separamos, fue un descanso. Ella tiene también pendiente su disco en solitario, que estoy deseando que haga para tomarme yo un año sabático (risas).

Á:. Yo no cambio Camela por nada.

¿Se consideran unos supervivientes?
Á.: Sí, afortunadamente sí. El momento discográfico sigue estando mal. Las compañías no se arriesgan, no te ofrecen mucho.

¿Sería posible ahora un fenómeno social como el suyo?
Á.: Sí, claro, si lo nuestro fue el boca a boca. En nuestro primer disco solo hicimos una televisión. ¡Y vendimos un millón de copias! Ahora están las redes sociales, que han dado oportunidades a muchos talentos.

No son de colaborar con otros artistas. ¿Por qué?
Á:. Porque no ha dado tiempo ni tampoco ha surgido. Eso sí, las colaboraciones que nos han pedido, las hemos hecho.

¿Viven ahora de forma diferente su trabajo?
Á.: Sí. Éramos más jovencitos y éramos una locura. Yo le decía a mi familia que mi casa era el autobús con una cortinilla al final. Ahí estaba mi cuarto, ¡imagínate! Una vez al mes volvíamos a casa para lavar la ropa y, al día siguiente, de nuevo a la carretera.

D.: Eso fueron los primeros cuatro o cinco años, ahora es más relajado todo. Pero hemos tenido la suerte de que, incluso en los peores momento de la industria, siempre hemos trabajado. Este 2018, casi 25 años después, hemos hecho casi 70 conciertos. Y para 2019 tenemos cerrados ya 28 más.

¿Larga vida a Camela?
Á.: Sí. Hemos renovado con Warner Music. Tenemos guardados dos discos más, con temas inéditos. Si Dios nos da salud, y si la gente nos lo pide, seguiremos con más música.

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